Al final de un módulo de rendimiento personal impartido recientemente, me dio por proponer a los alumnos si querían escuchar la conferencia que conté el mes pasado en el TedxGalicia. Tengo que confesar que no me sentí del todo cómodo aquel día en el impresionante escenario del Tedx, no me salió como quería, cosas de esas que no puedes explicarte por qué… y la oportunidad de compartirla en el escenario tan diferente de aquella clase era muy tentadora, así que ¿por qué no?
El caso es que después de dos días con aquellas personas haciendo ejercicios y sacando partido de sus propias experiencias, sintiéndonos como una comunidad de aprendizaje, en un clima distendido y poderoso, de repente mis sensaciones cambiaron. El registro que estaba utilizando una vez comencé a repetir la conferencia era completamente distinto a lo que antes habíamos compartido, era como otra versión de mí mismo ante las mismas personas en la misma clase.
Podría pensar que la diferencia está en si hay participación o no en la audiencia, pero la verdad es que en otras conferencias me siento también absolutamente fluido… Explorándome, me encuentro con la evidencia de un principio básico: tener que recordar en cada diapositiva lo que tenía que decir es una gran diferencia respecto a sencillamente decir lo que me inspira esa diapositiva.
El hecho de que quisiera recordar exactamente el contenido, sin espacio para fluir, fue una diferencia sutil pero definitiva. Como decía mi joven maestro Alex Dezón, se trata de entrenar y no de ensayar…
Compartí estas reflexiones con los “alumnos” y se abrió un debate extraordinario, del que aprendí mucho. Este post forma parte de este precioso aprendizaje.
Gracias por leerlo

